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Weaponized racism: El racismo es instrumentalizado como herramienta de control social, adaptándose a nuevas narrativas para sostener desigualdades históricas.

Tendencia 09

Weaponized racism

Weaponized racism

El racismo es instrumentalizado como herramienta de control social, adaptándose a nuevas narrativas para sostener desigualdades históricas.

Trend axes

  • Social apartheid
  • Hate amplification
  • Xenophobic framing
  • Race-based exclusion

Algunas cifras

99%

Porcentaje de inmobiliarias que aceptaron prácticas discriminatorias a personas extranjeras según el informe realizado por Provivienda y el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

1/3

Número de personas gitanas que sufrió racismo en España en el último año según un estudio del Ministerio de Igualdad, siendo el colectivo que menos denuncias de este tipo presenta por falta de confianza.

54.000

Número de contenidos con discurso de odio que el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia detectó en su boletín mensual de junio de 2025, lo que supone un 12% más respecto al mes anterior.

1.955

Delitos de odio que se produjeron en España en el año 2024, siendo un 44% de los mismos por motivos de racismo y xenofobia, según un informe realizado por el Ministerio del Interior.

El negocio del discurso del odio

En los últimos años, España ha sido escenario de un recrudecimiento preocupante del racismo estructural, que ha dejado de ser un prejuicio latente para exhibirse con creciente agresividad en el espacio público. Este fenómeno se alimenta de un discurso del odio que, bajo la retórica de la seguridad, la defensa cultural o el control migratorio, gana legitimidad y se normaliza en el debate político y mediático.

Lejos de ser marginal, este racismo se ha convertido en un instrumento de algunos partidos para canalizar el malestar social, exacerbando la polarización y consolidando la idea de que la diversidad constituye una amenaza. Las campañas que asocian inmigración con delincuencia, el señalamiento de comunidades enteras (desde el pueblo gitano hasta las personas de origen magrebí) o la tolerancia hacia agresiones verbales y físicas, muestran cómo se refuerzan desigualdades y estigmatizaciones.

La deshumanización de inmigrantes, reducidos a cifras, amenazas o caricaturas ideológicas, abre la puerta a medidas que recortan derechos fundamentales: limitaciones en el acceso a la vivienda y al empleo, vetos a expresiones culturales o religiosas, o prácticas policiales de perfil étnico que consolidan la exclusión. En este contexto, el racismo deja de ser un residuo social para integrarse como un mecanismo de control.

El riesgo es que la violencia racista no provenga solo de individuos extremistas, sino también de instituciones que, por acción u omisión, permite que estos discursos prosperen. Cuando líderes políticos repiten mensajes que asocian diversidad con riesgo, o se minimiza la gravedad de ataques xenófobos, se legitima un clima en el que el odio se percibe como aceptable. Así, el uso calculado del racismo como estrategia de poder no solo erosiona la cohesión social, sino que alimenta una fractura cada vez más profunda.

Casos

01 / 05

Más de la tendencia

Referencias

Páginas 86–95 del informe

Silent genocide: La eliminación sistemática de poblaciones se normaliza bajo excusas de autodefensa y excepcionalidad y sus voces son silenciadas por la complicidad internacional.

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